martes, 27 de octubre de 2009

Estocolmo

Nuevamente tuvimos un cambio en el equipo para el trayecto. Juan se quedó en Copenhague a esperar a Sole que llegaba después que nosotros nos íbamos y como teníamos lugar (y no teníamos más remedio que llevarla, jeje, no mentira, fue un gusto) nos llevamos a Marti.

Europa está minada de molinos. Definitivamente, la energía eólica rinde. La situación del mercado petrolero, y la intención de buscar alternativas, seguramente expliquen su expansión que le dan un paisaje muy particular al viejo continente. Saliendo de Dinamarca vimos por primera vez los molinos en el agua… un paisaje digno de prestarle atención.


En Estocolmo nos recibió el hermano de Nacho Correa, Diego, su señora, Lorena, y su hijo, Leandro, y la mamá de Nacho, Beatriz. Así que llegar a Estocolmo fue familia y hogar, sobre todo para Nacho, pero también para todo el resto porque nos recibieron y albergaron cálidamente en su casa (básicamente sufrieron una invasión!). Nos recibieron con comida casera (cómo se extraña!!!), con un lavadero buenísimo para ponernos al día con la ropa sucia y no tuvimos más remedio que hacer un poco de vida de hogar.



No solo aprovechamos a hacer hogar, también paseamos un poquito por Estocolmo. Los días no ayudaron mucho porque llovió bastante pero igual dimos algunas vueltas. Por estos lados no son tan perfectos como yo me lo imaginaba, los suecos son prolijos y ordenados pero nada que sobresalga frente a otros países europeos. Compiten con los Holandeses, aunque creo que pierden pero no por mucho, en todo lo que es diseño. Hay diseño en todos lados, en las cosas que uno imagina va a haber diseño y en las cosas más simples.

Visitamos la Casa de la Cultura (donde nos entretuvimos un buen rato con una silla muy buena para leer y nos alimentamos en la inauguración de una exposición) y la biblioteca. Dedicamos una tarde a caminar la parte vieja de la ciudad, que tiene algo de otras ciudades europeas, pero tiene algo único y encantador, me gustó mucho.




Estando en Suecia no podía faltar una visita a Ikea. Es una empresa sueca que hace cosas para el hogar (muebles, textiles, utensilios… de todo) muy lindas (con mucho diseño por decirlo de alguna manera) y muy baratas. Hace falta algo así en Uruguay, pero probablemente nunca llegue porque el mercado es chico y además quién cambia regularmente el equipamiento de su casa?!


lunes, 12 de octubre de 2009

Copenhague

Entrando a Dinamarca, pasamos nuevamente la noche en un P. Esta vez el menú no fue tan importante como la noche anterior, pero los fideos con panchos a cargo de Andrés se lucieron. En este P, al igual que en todos los que venimos parando hasta el momento, había una estación de servicio muy bien equipada, por lo que de mañana antes de arrancar para Copenhague además de desayunar nos bañamos todos. Para los que preguntan por el tema, estas duchas en general son bastante prolijas y uno paga por el uso (a veces pagamos una vez y la compartimos y a veces hay que pagar cada vez que se usa y tiene un tiempo estipulado de agua, algo así como 4 o 5 minutos). Estas duchas resultan muy útiles durante el viaje y es muy cómico, entrar a la estación de servicio a las 9 de la mañana en pijama y chancletas con la toalla a pagarle al cajero para usar la ducha!!


Cuando llegamos a Copenhague fuimos derecho al camping pero llegamos unos minutos pasadas las 2 de la tarde y era la hora de la siesta por lo que la recepción estaba cerrada. Aprovechamos para elaborar un almuerzo en el estacionamiento del camping mientras esperábamos que abriera la recepción (cocinar en los estacionamientos se vuelve casi una cosa diaria en el viaje). Después de instalarnos arrancamos para el centro para dar una primera vuelta por la ciudad, que buscaba ser media light pero terminó siendo una caminata importante.

*notese que los nenitos están cruzando con roja, algo que nosotros los uruguayos hacemos habitualmente pero que los europeos de estos pagos no entienden mucho (más de uno siguió nuestros pasos por pensar que se había puesto verde y casi le cuesta la vida).

Copenhague le debe buena parte de su encanto a los canales. Definitivamente el agua (ya sea en forma de canales o rambla) le da un toque muy particular a una ciudad. Capaz para nosotros los montevideanos es tan especial porque estamos acostumbrados a vivir en una ciudad con una rambla realmente linda (pocas ramblas de las que he visto en este viaje la alcanzan, y es un encanto que no tiene que ver con el color y la transparencia del agua, aclaro por las dudas).




Un punto muy particular de la visita a Copenhague fue la caída en Christiania... es una "experiencia" de los sesenta/setenta, donde se vive comunitariamente... me resultó muy agresivo o defensivo para ser una experiencia que intenta ser comunitaria (muchos carteles de no pictures y malas caras) pero seguramente algo de esto se deba a la deformación que probablemente sufrió desde su creación (o su planificación). Es algo así como tierra (o más bien bosque) de nadie en el medio de una ciudad super civilizada.

En términos generales Copenhague me pareció una buena composición de lo más “tradicional” y edificios modernos con mucha onda (mi vocabulario arquitectónico definitivamente no se amplía pese a estar rodeada de estos raros todo el viaje jeje).


Dinamarca me gustó mucho, al menos este pedacito que conocimos. Los daneses son muy amables y muy educados. Lo que sí, por ahora no voy teniendo esa sensación de perfección total que esperaba sentir por estos lados. Ya les contaré que me parecieron el resto de los países nórdicos.

Hamburgo

Después de cerrar la visita a Holanda con una breve pausa en Ámsterdam, en la que levantamos a Juan, arrancamos hacia el norte e hicimos nuestra primera parada en Alemania. De camino a Hamburgo pasamos la noche en un P y la verdad es que los P alemanes no están nada mal. La cena fue invitación de Nando que se estaba despidiendo de nosotros esa noche, un menú que no veíamos hacía tiempo: carne!!! El encargado de la preparación fue Nacho Correa que se pasó con una salsita con cebolla y vino espectacular. De acompañamiento salió puré de papas y huevo frito… la verdad que nada mal. Cenamos tranquilos y después armamos las carpas, cuando nos estábamos preparando para dormir (inflando colchones y esas cosas), pasó terrible BMW negro que paró, nos miró y se fue, era la policía pero aparentemente que nos vio demasiado listos para ir a dormir y no nos dijeron nada.



Antes de pasar a las horas que pasamos en Hamburgo, quiero hacer un breve comentario sobre el menú de esa noche y por qué era tan preciado y aún hoy (a mediados de octubre) se mantiene en el top 3 de las comidas de este viaje en camioneta. Obviamente son contadas las veces que este viaje comemos semejante cacho de carne! En nuestro caso era la tercera. La primera fue en Shanghai, como ya les conté, y la segunda y anterior a esta, fue en París. Sí, en París la carne no es barata y mucho menos si uno se sienta en un lindo y paqueto bolichito, pero después de que nos dijeran que nuestra camioneta estaba demorada, Renault nos invitó a desayunar y almorzar y luego pasarle la cuenta… efectivamente nos rompimos la boca, pero el pago se demoró por lo que hasta ahora que cobramos lo que habíamos gastado (algo así como 2 días de viático por cabeza) no era algo digno de ser festejado y mucho menos divulgado jeje. Así que ahora que lo recuperamos lo comparto con ustedes!



Hamburgo es una ciudad puerto, muy grande, así que unas pocas horas no dieron para mucho más que caminar por el centro y disfrutar de un rato de parques. Es la ciudad alemana con mayor ingreso per cápita y eso se nota en la gente, los autos y las tiendas. Donde no se nota mucho, y capaz tenga que ver con qué es una ciudad puerto, es en la limpieza de la ciudad, es bastante sucia. En definitiva, la breve pasada por Hamburgo, nos dejó con un montón de ganas de volver a Alemania por un poco más que unas horas.




lunes, 21 de septiembre de 2009

Rotterdam

Antes de salir para Rotterdam tuvimos un pequeño cambio transitorio en la composición de la camioneta (o del grupo, porque estrictamente hablando aún no teníamos camioneta): Juan decidió quedarse unos días más en Amsterdam y recibimos a Nando, un amigo de Nacho Correa (alias el portugués) que vino de visita un par de días.

La salida de Amsterdam y llegada a Rotterdam no fue fácil, como suele pasarnos con las transiciones de ciudades. La salida fue relativamente temprana y estrenando walkietalkies pero en los primero kilómetros de ruta y tras una maniobra brusca del conductor del auto que lideraba, nos perdimos. En el segundo auto y sin gps (alias la gallega) quedamos Nacho, Andre y yo, todos muy frustrados con la utilidad de los recién comprados walkietalkies (que comprobamos no tenían un alcance mayor a unos 7 kilómetros). Intentamos reconstruir el camino que teníamos que seguir pero fue imposible, así que volvimos al camping a pedirle ayuda a otras camionetas amigas que nos facilitaron un gps con el cuál sacamos la ruta para llegar a un par de obras que íbamos a visitar antes de llegar a Rotterdam. Con eso y la hasta el momento nada valorada guía Michellin, nos acercamos a las obras y por el gps aparecieron las voces de Cachi, Gabi, Nando y el otro Nacho… una tremenda alegría! Para que se hagan una idea se llegó a escuchar “no me imagino cómo se habrán sentido los de los Andes cuando tuvieron señal en la radio!” (si bien obviamente nuestro viaje es muy distinto, estos personajes son citados recurrentemente).


Después de conocer Ámsterdam la visión que uno puede generar de otras ciudades cambia y mucho, al menos inmediatamente después, ahora con el tiempo me doy cuenta que este “efecto Amsterdam” se va diluyendo a medida que pasa el tiempo. Evidentemente pocas ciudades tienen un ritmo tan vibrante. Las expectativas que uno genera de otras ciudades, y en particular de otras ciudades holandesas, cambia. Rotterdam me resultó una ciudad linda, o más bien agradable, pero un tanto insulsa. Es una ciudad puerto, que fue prácticamente destruida en la segunda guerra mundial por lo que tiene muchos edificios nuevos, mezclados con intentos de recomposición de algunos un poco más antiguo, pero no se logra una composición muy feliz para mi gusto.

El día que llegamos, teniendo en cuenta todo lo que nos costó llegar, no hicimos mucho. Aprovechamos para juntarnos con otra gente de la generación que estaba en la ciudad y a hacer eso que se hace muy necesario en este viaje: estar con la gente, compartir, charlar. Al otro día, que era EL día para dedicarle a la ciudad, hicimos una visita bastante intensa con guía incluida. Cachi y Gabi se quedaron en la casa de una amiga que vive en Holanda hace varios años que nos hizo de guía e hizo de la visita mucho más disfrutable. Caminamos un montón, visitamos una zona que se ha tratado de levantar en los últimos años (con mucho edificio nuevo y reciclado), algunos parques muy lindos, el Kunstal (un museo de arte), el centro de arquitectura, unas casas muy extrañas llamadas “casas cubo”… para hacer todo esto en un día caminamos muchísimo y nos tomamos un watertaxi para cruzar más rápido de un lado al otro de la ciudad. Después de la recorrida fuimos a una zona cerca de la ciudad en la que se juntaron todos los molinos antiguos de Holanda y se conservan como patrimonio.



De Amsterdam ya no veníamos muy descansados, sobre todo Gabi y yo, y el día tan intenso y con tanta caminata en Rotterdam nos mató. Anduvimos buena parte del día arrastrándonos y tuvimos una siesta muy particular: en el Kunstal había una exposición de una especie de carpas en las que uno podía tirarse, una de las cuales sirvió de carpa para nuestra siesta! El cansancio se sigue acumulando y no es fácil reponer energías en el viaje, sobre todo durmiendo poco y durmiendo pocas veces en algún lugar medio parecido al hogar de uno.


Amsterdam

Una vez más la llegada a esta ciudad no fue fácil y más difícil aún fue encontrar alojamiento. Llegamos el viernes del fin de semana del Gay Pride por lo que todo estaba hasta las manos de gente. Después de recorrer varios campings (algunos llenos y otros con pocas ganas de aceptar uruguayos), terminamos en el Gasperplass, a 20 minutos en tren del centro de Ámsterdam pero muy prolijo y muy en precio.


Ámsterdam, ciudad con privilegios en nuestro apretado itinerario, genera muchas expectativas de diferentes tipos, pero fundamentalmente en dos sentidos. Primero desde el punto de vista “cultural”, como ciudad sumamente distinta a otras, que pese a tener una estética muy “europea”, desafía el conservadurismo que reflejan otras ciudades del continente (capaz esto se podría generalizar para todo Holanda aunque no estoy segura). Segundo por su estética. Los holandeses, por si alguien tenía alguna duda, son los reyes del diseño y eso se refleja en la arquitectura y todo lo que uno tiene a la vista.

Visitamos muchas obras, pero el exceso de las marcadas por las guías armadas para el viaje, llevó a hacer una selección. Además de todas las indicadas, están esas obras que no están en las guías y que se van descubriendo en el recorrido (y que en el caso de Ámsterdam eran muchas). Elegí algunas fotos de las que más me gustaron desde mi óptica poco formal en términos de arquitectura jeje.






Hubo una en particular que me encantó: la biblioteca de Ámsterdam! Me gustó mucho el interior del edificio (mucho blanco, mucha luz), pero lo que más me gustó fue que hubiera un lugar, abierto todos los días de la semana hasta relativamente tarde para estos países (tipo 6 de la tarde), abierto a todos (y a todas las edades) y con un montón de materiales (libros, música, películas, computadoras). Sería muy lindo tener algo así en Montevideo, pero creo que como sociedad todavía tenemos muchas cosas vinculadas a los espacios públicos para resolver antes de poder pensar en estas cosas (lo mismo para los parques tan valorados y aprovechados por estos lados).



El sábado fue el día por excelencia del Gay Pride porque ese día se celebraba el Gay Parade por los canales y las calles de la ciudad. Era todo una gran fiesta gran, una locura total, mezclado con un buen toque europeo de algo muy bizarro jeje. La pinta de la gente, la euforia, lo colorido de todo, la alegría (sobre todo artificialmente generada jeje), todo un verdadero espectáculo. Ah y no faltó por los canales de Ámsterdam un pequeño barquito con la bandera gay y la bandera uruguaya.



Antes de dejar Holanda, después de visitar Rotterdam, hicimos una nueva parada en Ámsterdam para visitar algo que nos había quedado pendiente: la casa donde vivió escondida la Ana Frank y su familia durante la segunda guerra mundial y la etapa de persecución a los judíos por parte de los Nazis. Es muy raro estar por los pasillos de esa casa, ver cómo se manejaron para esconderse durante tanto tiempo. El broche de la visita es que al final está expuesto el diario original escrito en esos años por Ana Frank. Me gustó mucho como está armada la exposición y visitar esos lugares de los que todos en algún momento leímos la historia. La foto que dejo abajo es de la fachada actual de la casa.


Tengo dos últimos comentarios de Ámsterdam antes de pasar al próximo destino. Primero, qué bueno que está que la ciudad esté tan armada para circular en bicicleta! La edad no es limitante, las distancias tampoco y la seguridad muchísimo menos. Segundo, una vez más, las ciudades europeas muestran ejemplarmente como pueden aprovecharse los parques de una ciudad (ya nos va a llegar algo así en algún momento por Montevideo).





Desde Ámsterdam un día fuimos a Utrecht, a visitar varias obras aparentemente ejemplares. La obra base fue el Educatorium, que forma parte de la universidad de Utrecht y es una especie de centro con salones, biblioteca, cantina, etc. Después de aprovechar a almorzar rico y barato en la cantina de la universidad, desde ahí los chiquilines fueron a visitar otras obras y Gabi y yo aprovechamos para dormirnos una merecida y deseada siestita al sol. Sin duda el cansancio se empieza a notar y no eramos las únicas con ganas de reposar un ratito jeje.



miércoles, 9 de septiembre de 2009

Bruselas

En el camino entre Brujas y Bruselas tuvimos nuestro primer pernocte en un “P”. Llegamos ya de noche, armamos el toldo porque estaba por llover, cocinamos y armamos las carpas contra un cerco cosa que quedaran medio escondidas. A la mañana siguiente nos acompañaban en la misma ubicación otras carpas de gente del viaje, nos bañamos en la estación de servicio y desayunamos. Al rato nos enteramos que en el P simétrico (el que quedaba del lado enfrente, cruzando la ruta) les habían robado a otros compañeros del viaje de adentro de la carpa (una recomendación para futuros viajeros: las cosas de valor van adentro del sobre de dormir!).

Yendo para Bruselas nos perdimos varias veces, y sí, se hace difícil viajar en dos autos. Después de perder varias horas ese día decidimos comprar un par de walkitalkies para comunicarnos mejor.

La visita a Bruselas fue corta. Arquitectónicamente hablando, la visita a Bruselas estuvo marcada por las obras de Horta y su Art Nouveau. Lamentablemente la mayoría de sus obras se pueden ver únicamente desde el exterior (pese a infructuosos intentos y pedidos para entrar) ya que no están armadas como para ser visitadas (lo que frustró a varios del grupo).



Después de una breve recorrida por estas obras nos dedicamos a caminar la ciudad. No tenía muchas expectativas sobre esta ciudad y tampoco estuvimos mucho tiempo como para emitir una opinión seria pero me gustó. Es una ciudad amplia, con un poco de todo, cosas más antiguas, cosas más nuevas. Pero lo que no me gustó mucho fue que parecía no tener demasiado movimiento por si misma, capaz fue que no le pegamos a los lugares que fuimos, pero las diferentes calles o estaban vacías o estaban llenas de turistas. En sí, no me gustó mucho la dinámica de la ciudad (al menos la que se puede ver en una tarde).



Después de una breve recorrida por estas obras nos dedicamos a caminar la ciudad. No tenía muchas expectativas sobre esta ciudad y tampoco estuvimos mucho tiempo como para emitir una opinión seria pero me gustó. Es una ciudad amplia, con un poco de todo, cosas más antiguas, cosas más nuevas. Pero lo que no me gustó mucho fue que parecía no tener demasiado movimiento por si misma, capaz fue que no le pegamos a los lugares que fuimos, pero las diferentes calles o estaban vacías o estaban llenas de turistas. En sí, no me gustó mucho la dinámica de la ciudad (al menos la que se puede ver en una tarde).

En la plaza más grande de la ciudad vieja nos encontramos con la camioneta de “las chicas” y Fede y nos fuimos a quedar al mismo camping donde estaban ellas. Era un camping muy chiquito en el que armamos una pequeña aldea Quechua (nuestras queridas carpas) e hicimos enojar a algún que otro vecino con nuestra ruidosa (pero muy tranquila) noche jeje.

Brujas

Injustamente, al igual que a otras ciudades, a Brujas le dedicamos una tarde. Visitamos solamente la parte histórica, pero eso y el poquito tiempo dieron para que me encantara. Todo es como una ciudad de juguete pero en tamaño real, con un encanto muy de cuento de hadas (o mejor dicho de cuento del rey Arturo de papá jeje). Los canales, las construcciones antiguas, la plaza mayor, la torre… sin duda muy lindo.




A todo lo lindo hay que agregarle que cada dos pasos hay una chocolatería y una casa de waffles!! Algo nada menor para alguien que le gustan los dulces como a mi jeje. Dada la abundancia y variedad de la oferta, no tuvimos más remedio con Gabi que hacer honor a nuestro amor por lo dulce!! Comimos un waffle con caramel muy rico.


La vuelta al itinerario después del desfasaje que tuvimos por el choque y la no ida a Escocia, nos tenían bastante alejados del resto del grupo de viaje. En Brujas nos pusimos a tiro con el itinerario y nos reencontramos con buena parte del resto de los viajeros! Ayudó la escala de esta joyita belga. A veces se necesita un respiro del grupo grande de gente, pero otras veces se necesita ver caras conocidas y saber en qué andan, charlar un rato, compartir experiencias y porque no seguir profundizando algunas amistades que se van dando en este viaje (loco viaje diría alguno, o muy bien viaje diría otro).