jueves, 3 de diciembre de 2009

Praga segunda vuelta

Después de tres noches en Viena salimos los cuatro (Nacho, mamá, papá y yo) en auto rumbo a Praga. Como era domingo la ruta estaba bastante más tranquila que cuando habíamos hecho el tramo Viena-Praga con los chiquilines y era bastante más apreciable el paisaje y los pueblitos por los que íbamos pasando. Llegamos y nos instalamos en el hotel que había reservado mamá con el asesoramiento de Javi. El tiempo ya no nos acompañaba como en Viena y estaba mucho más fresco y nos llovió en varios momentos. Esa noche paseamos un poco y cenamos en un bolichito bien checo de lo más pintoresco, con música en vivo: el dueño te atendía cuando entrabas, uno de los hijos era mozo y el otro tocaba el acordeón (al final dejo un video cortito).

Al día siguiente, después de un intento motivado por papá de ir en auto al centro que terminó con una multa por meternos en una peatonal (con todo salió barata la multa!), volvimos al hotel a dejar el auto y arrancamos en tram. Caminamos por la ciudad nueva, por la ciudad vieja y cruzamos caminando hasta el castillo. Con Nacho aprovechamos para hacerles todos los cuentos que nos hicieron en el tour (habíamos sacado apuntes!) y realmente es una ciudad muy interesante. En el castillo entramos a la catedral que es inmensa e impresionante, a los aposentos de los reyes (donde está la habitación donde se produjo la primer defenestración), a la calle de oro (donde vivían los alquimistas del rey), a una prisión para nobles (con los instrumentos usados en la época) y anduvimos por los jardines. Todo el lugar (que se supone es la fortaleza más grande del mundo) es impresionante pero sobre todo la ubicación y la vista de la ciudad (la foto en la que estoy con mamá más abajo está sacada desde el castillo). Después volvimos a la parte más vieja de la ciudad cruzando el puente Carlos que es el más antiguo de todos los que están sobre el Moldova y el único que sobrevivió a todas las inundación, incluida la de 2002 que fue una de las peores (hay una leyenda sobre que sus cimientos están hechos con huevos… mhhh).




Cuando nos fuimos de Praga de camión a Austria pero esta vez a Salzburgo hicimos dos paradas. Primero pasamos por un castillo que queda a unos 100 Km de Praga y está ubicado en un lugar muy lindo, metido entre valles y montañas. Después, en el poquito tiempo que pasamos por Alemania pasamos por la entrada a Múnich y paramos un ratito en el Allianza Arena, no llegamos a ver las luces de noche que cambian de color y dicen que son muy lindas pero estuvo bueno.





martes, 1 de diciembre de 2009

Viena

Dejamos República Checa para entrar en Austria, por Viena donde definitivamente se nota el aire de ex imperio. Llegar a Viena era un punto muy importante para mí en el viaje, porque tres días después que nosotros llegaban papá y mamá para pasar con nosotros una semana!! Esta vez nos instalamos en un camping, bastante lejos del centro de la ciudad pero bastante en precio.

Los primeros dos días nos dedicamos a las obligaciones arquitectónicas del viaje para no aburrirlos con eso a mamá y papá cuando llegaran. Así que visitamos una obra de Saha Haid, el Karl Marx Hoff y otros varios edificios “importantes”. También aprovechamos para pasar tiempo con los chiquilines porque después de tanto tiempo juntos y tanta convivencia una semana separados es mucho tiempo así que fuimos a un palacio que queda no muy en el centro que tiene unos jardines espectaculares. En estos días no faltaron las siestas en los parques. Después de haber pasado bastante frío en Praga, el tiempo estuvo mucho más lindo en Viena y hay tantas plazas y parques lindos que no hubo más remedio que disfrutarlos.




El día antes que llegaran mamá y papá los chiquilines arrancaron rumbo a Múnich así que nos quedamos en una cabaña en el camping donde nos estábamos quedando con nuestras valijas (que no estaban para nada livianitas para ese entonces), se siente bastante raro ser solo dos. Al día siguiente fuimos a levantar las llaves del apartamento que habían alquilado mamá y papá con el asesoramiento de Luli y nos instalamos, almorzamos ahí, aprovechamos a ordenar las valijas, preparamos la cena y de tardecita los fuimos a buscar a donde llegaba el tren desde el aeropuerto que queda medio lejos del centro. Tengo que admitir que si no fuera por Nacho no creo que hubiera llegado con la ansiedad que tenía, se portó muy bien. Después de esperar un rato finalmente llegaron! Sabía que el viaje me iba a resultar largo y que iba a extrañar, porque nunca había estado tanto tiempo lejos de casa, pero nunca pensé que iba a extrañar tanto! Así que la visita de papá y mamá era fundamental para seguir el viaje… Implicaba una muy bienvenida dosis de hogar, de largas charlas, de buen dormir, de comer rico, de que lo cuiden… todo esto era necesario para seguir el viaje J

El primer día fuimos al palacio que habíamos ido con los chiquilines dos días atrás aprovechando que el día estaba muy lindo. Esta vez caminamos un poco más y llegamos a un lugar con una vista espectacular de los jardines. Ese día también fuimos al parque Freud, donde descansamos un rato y recuperamos energías (había unas reposeras gratis que estaban muy buenas! al mejor estilo inglés). Anduvimos por el centro, las peatonales y la catedral. Viena es una ciudad de palacios, y eso les da a sus habitantes un aire muy distinto que el que encontramos en otras ciudades, interesante pero de a ratos un tanto soberbio.



Al día siguiente anduvimos por un mercado que hay en el centro (no me acuerdo del nombre) donde hay de todo, desde restaurantes, barcitos más modestos, puestos de hongos, especias y vegetales, puestos nepalíes (algo que hemos visto en casi todos lados), gente vendiendo cosas usadas… algo muy entretenido y que por ser sábado estaba lleno de gente.


Dimos muchas vueltas esos días, papá y mamá se descansaron en que Nacho y yo teníamos bastante estudiada la ciudad de los días anteriores así que éramos los encargados de los mapas. Escuchamos opera desde afuera de la opera de Viena donde los sábados en verano instalan una pantalla gigante para que uno se siente afuera a mirar, y se termina armando un ambiente muy interesante con gente de todas las edades. Visitamos el Belvedere y quedamos encerrados un rato en sus jardines porque entramos muy tarde jeje, nada que no se arregló con unas cuantas vueltas al pequeño parque, intentar seguir a otras personas que estaban adentro para ver por donde salían y finalmente Nacho preguntó en una casa que daba para adentro del parque por donde se salía (resultó haber un botón en la puerta de salida para poder abrirla!). Comimos muy rico, salimos a comer y también aprovechamos para que mami nos cocinara algo en el apartamento que estaba muy cómodo.





Praga primera vuelta

La llegada a Praga se demoró porque se demoró varias horas la entrega de la Trafic en Berlín (la decoración de la misma fue casi inmediata, los pegotines que teníamos para ponerle los habíamos comprado en Turquía y todos estábamos más que ansiosos por decorarla finalmente). De camino dormimos en un camping y reservamos un hostal para las noches siguientes en el centro de la ciudad.

Cuando llegamos a Praga fuimos derecho al hostal y resultó estar cerrado hacía más de un año. Todo no nos podía salir bien, pensamos, ya teníamos la Trafic algo diferente nos tenía que salir mal. Algunos ya estábamos preparados para buscar otro alojamiento pero en ese caso perdíamos la plata de la reserva de ese hostal. Por suerte Gabi estaba firme con llamar, llamó y la dueña del hostal le explicó que estaba cerrado pero que nos iban a dar un apartamento por el mismo precio y nos pidió disculpas por el error. Después de todo nuestra suerte aparentemente había cambiado! Llegamos y era un apartamento para 8, con dos dormitorios, un baño y cocina con horno (esto último es fundamental a esta altura del viaje!). Al final les dejo un vídeo parar que se hagan una idea de lo que es la vida de hogar en este viaje.

Después de instalarnos salimos a dar unas vueltas por la parte vieja del a ciudad. El apartamento quedaba en una especie de zona roja pero estaba muy cerquita de todo así que no había lugar a queja. La parte vieja de la ciudad realmente es una joyita, pequeña, muy caminable y muy bien conservada. En algunas cosas me hizo acordar a brujas porque tiene eso de pueblito de cuento de hadas pero en términos de las historias y lo vivido por la ciudad tal vez sea bastante más interesante (no me creo con la propiedad para afirmarlo con tanta seguridad). Al día siguiente hicimos un free walking tour por la parte vieja y estuvo muy interesante (pese a que la guía tenía un acento bastante molesto). La historia de la ciudad es bastante violenta, desde la primera defenestración a la resistencia a los nazis o la primavera de Praga, y todos los episodios tradicionalmente resaltados con orgullo con los praguenses (aunque seguramente haya más de uno con un poquito de exageración en el). Del tour también me quedé con la idea de que los checos tienen varios complejos relativos al reconocimiento de sus inventos. Aparentemente inventaron el primer tanque de guerra, los terrones de azúcar y los lentes de contacto y no se les reconoce tales inventos… no sé cuánto habrá de cierto en estas cosas. Lo que queda un poco alejado del centro es el Castillo de Praga, esta vez solo fuimos hasta ahí por la vista y una charla docente pero la visita la dejamos para cuando estuvieran mamá y papá.



Aprovechando el horno nos dedicamos a la comida cacera. Tuvimos pescado al horno, pastel de carne y el día del partido Uruguay-Perú pizzas caseras de la mano de Cachi. Praga está repleto de sport bars pero muy pocos pasaban el partido de Uruguay. Uno de ellos era el que quedaba abajo de nuestro apartamento, así que se juntó buena parte de la generación ahí y estuvo de lo más divertido. Les dejo un vídeo después del vídeo del apartamento donde los chiquilines están preparando las pizzas que quedaron espectaculares.





miércoles, 18 de noviembre de 2009

Berlín

Llegamos a Berlín agotados del rápido pasaje por Noruega pero felices, por lo que habíamos vivido en los últimos días y por lo que nos esperaba en Berlín, algo así como un hogar, bastante raro y bastante superpoblado (la vez que fuimos menos éramos 14) pero un hogar al fin. La visita a Berlín estuvo marcada por una sorpresa nada menor: Rodrigo y Silvia vinieron de visita! Sorpresa para Nacho que no tenía ni idea que su hermano estaba en camino pero no para mí que sabía hacía varios meses y estuve a cargo de llevarlo al lugar de encuentro.

En las rutas noruegas la cámara de Nacho sufrió un accidente y su pantalla dejo de funcionar, después de algún intento de arreglarla decidimos comprar una nueva. El primer día en Berlín después de dar algunas vueltas con todos, de tardecita íbamos a “comprar la cámara nueva”. Antes le pedí a Nacho que me acompañara a una tienda que me habían recomendado que no sabía muy bien cómo se llamaba ni qué vendía y quedaba abajo de la antena de Alexanderplatz. Esa parte del cuento funcionó bien y llegamos al punto de encuentro pero nos demoramos un poco y llegamos más tarde de la hora que habíamos quedado. Después de dar unas vueltas (yo ya estaba pensando en decirle a Nacho que me sentía mal y me tenía que sentar un rato ahí) aparecieron Rodrigo y Silvia que estaban intentando llamarnos a algún lado desde un locutorio. El encuentro estuvo de lo más emocionante.

En Berlín definitivamente hay mucho para hacer. Es una ciudad llena de historia, marcada por la segunda guerra mundial y las persecuciones de los nazis, y la división de la ciudad posterior a la guerra que se materializó en el muro de Berlín y sus víctimas. Edificios que delatan las consecuencias de la guerra, puntos icónicos como el edificio del parlamento (el Bundestag), la puerta de Brademburgo, el museo judío y el memorial a las víctimas del holocausto. Los restos de muro, las placas conmemorativas a las personas que murieron intentando cruzarlo y el Check Point Charlie. Además la guerra y los años posteriores dejaron espacio para un montón de nuevos edificios y eso también la hace muy interesante en términos arquitectónicos (siendo ejemplo la nueva cúpula del parlamento). De día en general fuimos para todos lados con Rodrigo y Silvia que nos hicieron de guías experimentados ya que era su segunda visita a Berlín, caminamos un montón y un día alquilamos bicicletas para terminar de recorrer algunos puntos que quedaban más alejados. Ese día aprovechamos para variar un poco y visitamos el zoológico que está muy bien para estar metido en el medio de la ciudad.

Es muy impresionante pisar todos esos lugares sin duda importantes para la historia de Alemania pero también para la historia del mundo. De alguna manera representan momentos que cambiaron el rumbo de las cosas para siempre y por lo tanto los resultados, lo que hoy nos toca vivir. Igual esta primera visita a Berlín me dejó con la sensación de que mucha gente tiene una visión muy simplificada de la historia, cuando ésta en realidad es compleja y difícilmente simplificable. Hubieron muchas víctimas del nazismo, muchas en Berlín y muchas no, y no creo que para entender lo que sucedió después de la segunda guerra baste con hacerse una idea de quiénes son los malos y quiénes son los buenos.






La vida de camping es divertida, pero más que de vez en cuando se hace necesario un poco de estabilidad y de hogar. Como íbamos a estar varias noches en Berlín alquilamos un apartamento con algunas de las chicas, Fede y Willy. El apartamento estaba muy bien ubicado, estaba puesto para 8 personas pero era enorme… declaramos que íbamos a ser 6 personas, la primer noche fuimos 16, las siguientes fuimos 14 o 15 y se sumaron en algunas ocasiones algunos visitantes nocturnos por si éramos pocos jeje. Si bien estuvimos poco en el apartamento porque anduvimos mucho con Rodrigo y Silvia era muy lindo llegar a “casa” después de un día de muchas actividades a encontrarnos con todos. No faltaron las largas charlas, la inundación de colchones inflables, una importante cantidad de cosas en cualquier lado, la cola para la ducha, los lavados de ropa con un secador muy inútil que terminaba con la ropa colgada por todos lados… Si bien Berlín es una ciudad muy linda y que me gustó mucho, no cabe duda que nuestra “casa” aportó a la percepción que me llevé de la ciudad.


Berlín resultó ser una ciudad mucho más amigable de lo que la imaginaba. Y además tiene una amplitud que no tienen otras ciudades europeas que da mucho aire y hace que uno se sienta un poco menos comprimido, con las grandes avenidas y los parques espectaculares y abundantes. Un detalle que me llamó la atención, definitivamente los alemanes tienen algún tipo de trauma con la ausencia de playas: tienen muchas playitas artificiales llenas de barcitos que no tienen agua, básicamente son arena, reposeras, sombrillas y unos bolichitos muy pintorescos.

Berlín como torta también tuvo su frutilla. Después de un mes y medio de espera, muchas discusiones y muchos mal humores, el primer día de setiembre entregamos el auto que teníamos alquilado como segundo auto (con 7.000 kms nuevos, y según los chiquilines pronta para que se le funda al próximo que la usara) y a los dos días nos entregaron la tan ansiada Trafic!!! Sin duda esto significó un cambio muy importante en la dinámica de viaje y en el humor de todos (pese a estar bastante más apretados porque teníamos menos espacio para las valijas y todo el cargamento campamentista que teníamos). En el estreno con nacho nos toco ir a la tercera fila, no es la más cómoda pero sirve para dormir unas muy bien siestas.


Saliendo de Berlín, corriendo a la generación de atrás (porque obviamente la entrega de la Trafic no pudo haber sido sin un atraso de varias horas), de camino a Praga hicimos una parada en Postdam y otra en Dessau. Ambas paradas por motivos arquitectónicos: la torre Einstein y la Bauhaus respectivamente (esta última es un icono del diseño y la arquitectura).




lunes, 16 de noviembre de 2009

Noruega: ruta, fiordos, glaciar y púlpito

La ida a Noruega salió casi de casualidad. Andre y Nacho, que no iban a Rusia, tenían planeado ir pero todos los problemas con el auto alquilado, la interpol, etc. hicieron que ni siquiera salieran rumbo a su destino. Nosotros, los que fuimos a Rusia, habíamos quedado con ganas después de escuchar a otras camionetas que habían apretado itinerario para mechar Noruega. Entonces, cuando nos enteramos que no podíamos llegar a Alemania por Europa del Este como indicaba el itinerario porque el auto alquilado no tenía seguro para circular en esos países, y aprovechando el aire positivo que nos golpeaba esos días, decidimos arrancar para Noruega y llegar por ese lado a Alemania. Resultó ser una de las decisiones más sabias de todo el viaje... algo bueno tenía que salir de todos los problemas que tuvimos con la camioneta y los autos!

Salimos desde Helsinki rumbo a Copenhage en ferry, y ahí levantamos a Juan y a nuestra recién incorporada integrante, Sole quien había llegado hacía diez días desde Montevideo. Discutimos un itinerario que contemplara los intereses de todos y que no dejara de lado que en menos de una semana teníamos que estar en Berlín (igual después fue cambiando en la marcha). Antes de entrar a Noruega hicimos una estratégica parada en un supermercado sueco, sin el cual no hubiéramos sobrevivido (empíricamente comprobado: Noruega es uno de los países más caros del mundo!!!). Y también sacamos todo el abrigo que tuviéramos de la valija, para ser verano hizo mucho frío, sobre todo de noche.

Toda la visita a Noruega fue espectacular. Pero se podría decir que la visita a Noruega tuvo cuatro puntos altos: la ruta en todo momento, el Geiranger (el fiordo que visitamos), el glaciar y Preikestolen. Hicimos mucha ruta, pero se disfruto mucho porque los paisajes son espectaculares y uno no se aburre porque va cambiando todo el tiempo: montañas verdes y florecidas, picos nevados, lagos, rápidos celeste/verdosos de agua de deshielo, glaciares... no quedan dudas de la grandeza de la naturaleza. Aprovechamos para parar a almorzar y desayunar en lugares espectaculares y de vez en cuando hacíamos alguna parada en la ruta para sacar fotos. Idealmente tendríamos que haber parado en muchos más lugares de los que paramos pero hubiéramos estado un mes en Noruega!! Al final les dejo un vídeo con un poquito de esta ruta!


El primer destino fue el Geiranger, el fiordo que teníamos más accesible por la ruta que teníamos que hacer para llegar a Berlín en fecha. Ya la entrada desde arriba por la ruta fue espectacular y esa noche acampamos a la orilla del lago para despertarnos con uno de los mejores paisajes que he visto. También aprovechamos para subir una de las montañas que lo rodean, fuimos por la vista pero la poca visibilidad nos dejó algo más divertido! Nos metimos en otro lugar completamente distinto! Para que se hagan una idea durante la subida el termómetro del auto bajó desde 14 a 6 grados!!!! Abajo, la mañana siguiente la temperatura fue otra, lo que igual no justificaba tirarse al agua helada como hizo el portugués! (les dejo el registro más abajo! imperdible!).



Desde el Geiranger nos fuimos a un glaciar recomendado por otra gente de la generación que ya había estado ahí, más al centro del territorio noruego. Tuvimos una caminata de unos cuarenta minutos antes de pararnos en el glaciar... increíble! Los colores, el agua corriendo por abajo... y nos hubiéramos metido más pero no es recomendable hacerlo sin alguien que conozca la zona (mucho menos en verano) y además otra vez estábamos apurados por seguir ruta.

Llegar al último destino fue lo que más costó porque ahora si que no había donde apretar el itinerario. Cuando salimos del glaciar teníamos 36 horas para llegar a Preikestolen (muchos kilómetros y ferries de por medio! En Noruega hay poco puente!), subir los 4 kms hasta el púlpito, estar ahí un rato, volver a bajar y llegar a tomarnos el ferry para cruzar a Dinamarca. Todo salió bastante bien y llegamos con tiempo para todo. Cuando llegamos a la base del Púlpito (una formación rocosa muy rara que si te paras arriba y miras para abajo te da la sensación de un precipicio!) estaba muy nublado y toda la subida fue metidos en una nube y con mucha gente que bajaba diciendo "no se ve nada ni se gasten en subir!"... realmente es agotador subir y más pensando en que íbamos a subir y no se iba a ver nada!!! Después de la ardua caminata llegamos y estaba todo nublado... efectivamente no se veía nada de nada para abajo de la piedrita. Estuvimos un rato experimentando sensaciones extrañas, tratando de mirar para abajo hasta que finalmente y por unos breves instantes se despejó!!!! Vimos para abajo, nos asustamos en serio, lo disfrutamos y el cielo se volvió a cerrar... se abrió para nosotros!! El tercer video que dejo abajo es para que se hagan una mínima idea de lo qué es estar ahí!!!



Después de bajar (antes nos encontramos con unos uruguayos que iban subiendo con una bandera uruguaya! Uruguay es grande! jeje), salimos rumbo al puerto desde donde salía el ferry. Tras más de 8 horas de manejo, llegamos a un camping cerca del puerto, pero eran las 3 de la mañana y estaba cerrado... acampamos en la puerta y a las 6 salimos a tomarnos el ferry: mugrientos y cansados, pero felices. Al día siguiente hicimos ruta 10 horas para llegar a Berlín en fecha.

Noruega fue un punto MUY alto de este recorrido veloz que hacemos por el mundo. Todos coíncidimos en que lo disfrutamos mucho, nos levantó el ánimo después de todos los relajos de la camioneta, nos cargó de energías para seguir el viaje y creo poder hablar por los 8, lo guardamos como uno de los mejores recuerdos del viaje.





miércoles, 28 de octubre de 2009

Moscu

El trayecto San Petersburgo-Moscú fue mortal. Más de 14 horas en un ómnibus muy incómodo, de asientos poco reclinables y con poco espacio para las patas (después de hacer un testeo de los ómnibus para trayectos largos indios, nepalíes y rusos, puedo decir que los Copsa no están nada mal jeje). En el trayecto miramos unos dibujitos rusos estilo Tom y Jerry pero con una liebre y un lobo, muy sangrientos (más del estilo de los dibujitos de los Simpson) y violentos, y después para amenizar nos pusieron una película un poco más entretenida. Sin extenderme en nada vinculado al tema, les cuento que los problemas por el auto alquilado y la camioneta siguieron en Moscú, perdimos mucho tiempo haciendo llamadas, pero de a poco se fue encaminando.

La Plaza Roja es increíble, inmensa y preciosa, de día y de noche, pero fundamentalmente ni bien cae el sol. No esperaba encontrarme algo así (pese a los cuentos de Tata y Yaya). El encanto es la plaza misma y los edificios que la encierran. Su historia la hace muy interesante y pensar en lo qué vivió y significó un cambio político y social tan radical para Rusia y para el mundo.



Visitamos el Kremlim con los edificios de gobierno y sus iglesias. Estas últimas eran todas con las clásicas cebollitas, eran iglesias y capillas privadas de los zares y son muy exuberantes y cargadas de oro, en ellas están enterrados buena parte de los zares y las zarinas (todas las iglesias están llenas de tumbas!).


El subte de Moscú es un mundo aparte, fascinante. Dedicamos una tarde lluviosa a recorrer muchas estaciones. Todas tienen algo bueno. Aparentemente desde los primeros años comunistas se remodelaron y se fueron arreglando y decorando todas porque el subte es para el pueblo, y el pueblo tiene derecho a tanto glamur como los zares. Hay muchas estaciones con motivos bélicos como era de esperar, otras muy “finas” y otras muy modernas. Realmente todas las estaciones de metro que vi hasta ahora no le llegan ni a los talones a las estaciones rusas.







Todavía se notan las consecuencias de la explosión por la apertura al mundo y la transformación capitalista en la década del noventa, pero no se nota un intento de tapar la historia comunista. Los símbolos siguen ahí, los monumentos también, Lenin sigue congeladito en la plaza roja e incluso muchos aspectos del régimen se defienden con orgullo. Realmente es increíble haber visitado un país que probó un modelo socio-económico radicalmente diferente al dominante y que estuvo aislado del resto del mundo durante tanto tiempo, igual me hubiera gustado disfrutarlo un poco más (y bue, habrá que volver jeje).

La vuelta a Finlandia por suerte fue en tren desde Moscú (un viaje de 12 horas). Los camarotes eran chiquitos (las camas más chiquitas que las del camarote del barco) pero todo implicaba una mejoría respecto a los ómnibus que nos trajeron. La noche empezó con el festejo del cumple de Ceci, que fue una fiesta apretada y más bien linean (a lo largo del corredor del vagón) y tuvo como protagonista a la rusa a cargo del vagón que hizo sus mejores intentos para mandarnos a dormir (sin mayores frutos). Después dormimos un rato y nos despertó nuestra amiga la rusa para decirnos, mediantes señas, que fuéramos a lavarnos la cara porque estábamos por llegar al puesto fronterizo e iban a subir los funcionarios de migración rusos a pedirnos pasaportes. Nadie se levantó y la próxima vez nos despertaron los funcionarios rusos que seguramente se divirtieron con nuestras caras de dormidos y nuestros pijamas. Después subieron los finlandeses que se divirtieron otro rato y seguimos viaje.


En el camping de Helsinki ese mismo día nos rencontramos con Andre y Nacho. Los extrañamos y sobre todo fue muy difícil tratar de entre todos arreglar el relajo que se había armado con la camioneta sin estar todos juntos. Igual me quedo contenta porque lo supimos llevar y la camioneta salió golpeada pero fortalecida. Almorzamos en Mc Donalds todos juntos, aprovechamos a mandar mails y nos preparamos para la asamblea con la generación (por nuestro tema y por las otras camionetas que nunca recibieron sus camionetas). Cambió la suerte: nos avisaron que al día siguiente llegaba a Helsinki la Senic en reposición de la que quedó chocada en Inglaterra, también nos avisaron que nos entregaban nuestra tan ansiada Trafic el 3 de setiembre en Berlín y nos enteramos que con el auto alquilado no podíamos ir a Europa del Este por el seguro (al principio fue un bajón porque nos perdíamos esa parte de Europa o los integrantes de la camioneta nos repartíamos en otras camionetas para seguir) y decidimos ir a Noruega que nos había quedado pendiente (en general solo la gente que no va a Rusia fue a Noruega). Al fin salió algo bueno de todo este relajo… el cambio de itinerario realmente valió la pena!