lunes, 7 de diciembre de 2009
Zurich, Lucerna, Interlaken y Basilea
Salzburgo


jueves, 3 de diciembre de 2009
Praga segunda vuelta
Después de tres noches en Viena salimos los cuatro (Nacho, mamá, papá y yo) en auto rumbo a Praga. Como era domingo la ruta estaba bastante más tranquila que cuando habíamos hecho el tramo Viena-Praga con los chiquilines y era bastante más apreciable el paisaje y los pueblitos por los que íbamos pasando. Llegamos y nos instalamos en el hotel que había reservado mamá con el asesoramiento de Javi. El tiempo ya no nos acompañaba como en Viena y estaba mucho más fresco y nos llovió en varios momentos. Esa noche paseamos un poco y cenamos en un bolichito bien checo de lo más pintoresco, con música en vivo: el dueño te atendía cuando entrabas, uno de los hijos era mozo y el otro tocaba el acordeón (al final dejo un video cortito).
Al día siguiente, después de un intento motivado por papá de ir en auto al centro que terminó con una multa por meternos en una peatonal (con todo salió barata la multa!), volvimos al hotel a dejar el auto y arrancamos en tram. Caminamos por la ciudad nueva, por la ciudad vieja y cruzamos caminando hasta el castillo. Con Nacho aprovechamos para hacerles todos los cuentos que nos hicieron en el tour (habíamos sacado apuntes!) y realmente es una ciudad muy interesante. En el castillo entramos a la catedral que es inmensa e impresionante, a los aposentos de los reyes (donde está la habitación donde se produjo la primer defenestración), a la calle de oro (donde vivían los alquimistas del rey), a una prisión para nobles (con los instrumentos usados en la época) y anduvimos por los jardines. Todo el lugar (que se supone es la fortaleza más grande del mundo) es impresionante pero sobre todo la ubicación y la vista de la ciudad (la foto en la que estoy con mamá más abajo está sacada desde el castillo). Después volvimos a la parte más vieja de la ciudad cruzando el puente Carlos que es el más antiguo de todos los que están sobre el Moldova y el único que sobrevivió a todas las inundación, incluida la de 2002 que fue una de las peores (hay una leyenda sobre que sus cimientos están hechos con huevos… mhhh).




Cuando nos fuimos de Praga de camión a Austria pero esta vez a Salzburgo hicimos dos paradas. Primero pasamos por un castillo que queda a unos 100 Km de Praga y está ubicado en un lugar muy lindo, metido entre valles y montañas. Después, en el poquito tiempo que pasamos por Alemania pasamos por la entrada a Múnich y paramos un ratito en el Allianza Arena, no llegamos a ver las luces de noche que cambian de color y dicen que son muy lindas pero estuvo bueno.


martes, 1 de diciembre de 2009
Viena
Dejamos República Checa para entrar en Austria, por Viena donde definitivamente se nota el aire de ex imperio. Llegar a Viena era un punto muy importante para mí en el viaje, porque tres días después que nosotros llegaban papá y mamá para pasar con nosotros una semana!! Esta vez nos instalamos en un camping, bastante lejos del centro de la ciudad pero bastante en precio.
Los primeros dos días nos dedicamos a las obligaciones arquitectónicas del viaje para no aburrirlos con eso a mamá y papá cuando llegaran. Así que visitamos una obra de Saha Haid, el Karl Marx Hoff y otros varios edificios “importantes”. También aprovechamos para pasar tiempo con los chiquilines porque después de tanto tiempo juntos y tanta convivencia una semana separados es mucho tiempo así que fuimos a un palacio que queda no muy en el centro que tiene unos jardines espectaculares. En estos días no faltaron las siestas en los parques. Después de haber pasado bastante frío en Praga, el tiempo estuvo mucho más lindo en Viena y hay tantas plazas y parques lindos que no hubo más remedio que disfrutarlos.
El día antes que llegaran mamá y papá los chiquilines arrancaron rumbo a Múnich así que nos quedamos en una cabaña en el camping donde nos estábamos quedando con nuestras valijas (que no estaban para nada livianitas para ese entonces), se siente bastante raro ser solo dos. Al día siguiente fuimos a levantar las llaves del apartamento que habían alquilado mamá y papá con el asesoramiento de Luli y nos instalamos, almorzamos ahí, aprovechamos a ordenar las valijas, preparamos la cena y de tardecita los fuimos a buscar a donde llegaba el tren desde el aeropuerto que queda medio lejos del centro. Tengo que admitir que si no fuera por Nacho no creo que hubiera llegado con la ansiedad que tenía, se portó muy bien. Después de esperar un rato finalmente llegaron! Sabía que el viaje me iba a resultar largo y que iba a extrañar, porque nunca había estado tanto tiempo lejos de casa, pero nunca pensé que iba a extrañar tanto! Así que la visita de papá y mamá era fundamental para seguir el viaje… Implicaba una muy bienvenida dosis de hogar, de largas charlas, de buen dormir, de comer rico, de que lo cuiden… todo esto era necesario para seguir el viaje J
El primer día fuimos al palacio que habíamos ido con los chiquilines dos días atrás aprovechando que el día estaba muy lindo. Esta vez caminamos un poco más y llegamos a un lugar con una vista espectacular de los jardines. Ese día también fuimos al parque Freud, donde descansamos un rato y recuperamos energías (había unas reposeras gratis que estaban muy buenas! al mejor estilo inglés). Anduvimos por el centro, las peatonales y la catedral. Viena es una ciudad de palacios, y eso les da a sus habitantes un aire muy distinto que el que encontramos en otras ciudades, interesante pero de a ratos un tanto soberbio.
Al día siguiente anduvimos por un mercado que hay en el centro (no me acuerdo del nombre) donde hay de todo, desde restaurantes, barcitos más modestos, puestos de hongos, especias y vegetales, puestos nepalíes (algo que hemos visto en casi todos lados), gente vendiendo cosas usadas… algo muy entretenido y que por ser sábado estaba lleno de gente.
Dimos muchas vueltas esos días, papá y mamá se descansaron en que Nacho y yo teníamos bastante estudiada la ciudad de los días anteriores así que éramos los encargados de los mapas. Escuchamos opera desde afuera de la opera de Viena donde los sábados en verano instalan una pantalla gigante para que uno se siente afuera a mirar, y se termina armando un ambiente muy interesante con gente de todas las edades. Visitamos el Belvedere y quedamos encerrados un rato en sus jardines porque entramos muy tarde jeje, nada que no se arregló con unas cuantas vueltas al pequeño parque, intentar seguir a otras personas que estaban adentro para ver por donde salían y finalmente Nacho preguntó en una casa que daba para adentro del parque por donde se salía (resultó haber un botón en la puerta de salida para poder abrirla!). Comimos muy rico, salimos a comer y también aprovechamos para que mami nos cocinara algo en el apartamento que estaba muy cómodo.
Praga primera vuelta
La llegada a Praga se demoró porque se demoró varias horas la entrega de la Trafic en Berlín (la decoración de la misma fue casi inmediata, los pegotines que teníamos para ponerle los habíamos comprado en Turquía y todos estábamos más que ansiosos por decorarla finalmente). De camino dormimos en un camping y reservamos un hostal para las noches siguientes en el centro de la ciudad.
Cuando llegamos a Praga fuimos derecho al hostal y resultó estar cerrado hacía más de un año. Todo no nos podía salir bien, pensamos, ya teníamos la Trafic algo diferente nos tenía que salir mal. Algunos ya estábamos preparados para buscar otro alojamiento pero en ese caso perdíamos la plata de la reserva de ese hostal. Por suerte Gabi estaba firme con llamar, llamó y la dueña del hostal le explicó que estaba cerrado pero que nos iban a dar un apartamento por el mismo precio y nos pidió disculpas por el error. Después de todo nuestra suerte aparentemente había cambiado! Llegamos y era un apartamento para 8, con dos dormitorios, un baño y cocina con horno (esto último es fundamental a esta altura del viaje!). Al final les dejo un vídeo parar que se hagan una idea de lo que es la vida de hogar en este viaje.
Después de instalarnos salimos a dar unas vueltas por la parte vieja del a ciudad. El apartamento quedaba en una especie de zona roja pero estaba muy cerquita de todo así que no había lugar a queja. La parte vieja de la ciudad realmente es una joyita, pequeña, muy caminable y muy bien conservada. En algunas cosas me hizo acordar a brujas porque tiene eso de pueblito de cuento de hadas pero en términos de las historias y lo vivido por la ciudad tal vez sea bastante más interesante (no me creo con la propiedad para afirmarlo con tanta seguridad). Al día siguiente hicimos un free walking tour por la parte vieja y estuvo muy interesante (pese a que la guía tenía un acento bastante molesto). La historia de la ciudad es bastante violenta, desde la primera defenestración a la resistencia a los nazis o la primavera de Praga, y todos los episodios tradicionalmente resaltados con orgullo con los praguenses (aunque seguramente haya más de uno con un poquito de exageración en el). Del tour también me quedé con la idea de que los checos tienen varios complejos relativos al reconocimiento de sus inventos. Aparentemente inventaron el primer tanque de guerra, los terrones de azúcar y los lentes de contacto y no se les reconoce tales inventos… no sé cuánto habrá de cierto en estas cosas. Lo que queda un poco alejado del centro es el Castillo de Praga, esta vez solo fuimos hasta ahí por la vista y una charla docente pero la visita la dejamos para cuando estuvieran mamá y papá.
Aprovechando el horno nos dedicamos a la comida cacera. Tuvimos pescado al horno, pastel de carne y el día del partido Uruguay-Perú pizzas caseras de la mano de Cachi. Praga está repleto de sport bars pero muy pocos pasaban el partido de Uruguay. Uno de ellos era el que quedaba abajo de nuestro apartamento, así que se juntó buena parte de la generación ahí y estuvo de lo más divertido. Les dejo un vídeo después del vídeo del apartamento donde los chiquilines están preparando las pizzas que quedaron espectaculares.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Berlín
Llegamos a Berlín agotados del rápido pasaje por Noruega pero felices, por lo que habíamos vivido en los últimos días y por lo que nos esperaba en Berlín, algo así como un hogar, bastante raro y bastante superpoblado (la vez que fuimos menos éramos 14) pero un hogar al fin. La visita a Berlín estuvo marcada por una sorpresa nada menor: Rodrigo y Silvia vinieron de visita! Sorpresa para Nacho que no tenía ni idea que su hermano estaba en camino pero no para mí que sabía hacía varios meses y estuve a cargo de llevarlo al lugar de encuentro.
En Berlín definitivamente hay mucho para hacer. Es una ciudad llena de historia, marcada por la segunda guerra mundial y las persecuciones de los nazis, y la división de la ciudad posterior a la guerra que se materializó en el muro de Berlín y sus víctimas. Edificios que delatan las consecuencias de la guerra, puntos icónicos como el edificio del parlamento (el Bundestag), la puerta de Brademburgo, el museo judío y el memorial a las víctimas del holocausto. Los restos de muro, las placas conmemorativas a las personas que murieron intentando cruzarlo y el Check Point Charlie. Además la guerra y los años posteriores dejaron espacio para un montón de nuevos edificios y eso también la hace muy interesante en términos arquitectónicos (siendo ejemplo la nueva cúpula del parlamento). De día en general fuimos para todos lados con Rodrigo y Silvia que nos hicieron de guías experimentados ya que era su segunda visita a Berlín, caminamos un montón y un día alquilamos bicicletas para terminar de recorrer algunos puntos que quedaban más alejados. Ese día aprovechamos para variar un poco y visitamos el zoológico que está muy bien para estar metido en el medio de la ciudad.
Berlín resultó ser una ciudad mucho más amigable de lo que la imaginaba. Y además tiene una amplitud que no tienen otras ciudades europeas que da mucho aire y hace que uno se sienta un poco menos comprimido, con las grandes avenidas y los parques espectaculares y abundantes. Un detalle que me llamó la atención, definitivamente los alemanes tienen algún tipo de trauma con la ausencia de playas: tienen muchas playitas artificiales llenas de barcitos que no tienen agua, básicamente son arena, reposeras, sombrillas y unos bolichitos muy pintorescos.
Berlín como torta también tuvo su frutilla. Después de un mes y medio de espera, muchas discusiones y muchos mal humores, el primer día de setiembre entregamos el auto que teníamos alquilado como segundo auto (con 7.000 kms nuevos, y según los chiquilines pronta para que se le funda al próximo que la usara) y a los dos días nos entregaron la tan ansiada Trafic!!! Sin duda esto significó un cambio muy importante en la dinámica de viaje y en el humor de todos (pese a estar bastante más apretados porque teníamos menos espacio para las valijas y todo el cargamento campamentista que teníamos). En el estreno con nacho nos toco ir a la tercera fila, no es la más cómoda pero sirve para dormir unas muy bien siestas.
Saliendo de Berlín, corriendo a la generación de atrás (porque obviamente la entrega de la Trafic no pudo haber sido sin un atraso de varias horas), de camino a Praga hicimos una parada en Postdam y otra en Dessau. Ambas paradas por motivos arquitectónicos: la torre Einstein y la Bauhaus respectivamente (esta última es un icono del diseño y la arquitectura).