viernes, 17 de julio de 2009
Aqaba - Mar Rojo
Jerusalén
miércoles, 15 de julio de 2009
Mar Muerto - Amman
La llegada a Amman (Jordania) significaba un cambio importante. Nos separamos del resto del grupo que salía al día siguiente para Turquía para emprender nuestro viajecito para Israel. En el aeropuerto de Amman nos encontramos con Andrés que venía desde Estados Unidos para unirse a esta parte del viaje y de los que ya veníamos nos abrimos Nacho, Cachi, Gabi, Ale, Maite, Nacho Correa y yo. En el aeropuerto nos despedimos del resto que seguía viaje, con quienes recién nos reencontraríamos en Paris con el retiro de la camioneta (y ahora mirado desde Grecia, un día antes de encontrarnos, se extrañó!!).
El viaje a Israel surgió en una charla con un viajero del año pasado, Agustín Dieste, que nos comentó que él había ido a Jerusalén y también nos contó de otra gente que había ido a Egipto desde Jordania. Primero intentamos cuadrar los días para llegar a Egipto, pero no daban y nos quedamos con Jerusalén, Petra y el Mar muerto.
El día que llegamos a Amman teníamos pensado salir inmediatamente para Jerusalén porque sabíamos que el cruce podía llevar un buen rato. Pero cuando llegamos al hostal donde íbamos a dejar las valijas (para ir más livianitos por el tema de que la frontera es complicada), el dueño del hostal (Alí, todo un personaje en esta historia) nos dijo que por ser viernes la frontera cerraba a las 13.00 hs y no llegábamos. Por suerte le hicimos caso, porque después confirmamos que los viernes y sábados cierra temprano. Viendo frustrados nuestros planes nos procuramos transporte (dos “taxis”) que nos llevaron al Mar Muerto del lado jordano.
El Mar Muerto es el punto más bajo de la tierra (unos 400 metros por debajo del nivel del mar) y el agua tiene un 30% de sal (frente a 3% en un mar estándar), lo que lo hace sumamente inhóspito. Sobre el Mar Muerto hay playa pero todo es muy árido. Jordania es básicamente desierto. Entramos por una especie de spa que además de la playa sobre el mar tenía unas piscinas (que al principio pensamos que no íbamos a usar pero después supieron ser muy útiles para sacarnos la sal). Primera cosa, en el mar muerto uno no se puede zambullir. El agua es una especie de aceite, en el que uno obviamente flota (muy impresionante!!! Estaba haciendo la plancha y no me podía parar!) y te arde TODO pero TODO. Una mínima lastimadura en un dedo duele y, en nuestro caso, las consecuencias de las diarreas de India se hicieron sentir. Después del baño salado, nos quedamos un buen rato en la piscina (lo que no estuvo mal porque hacía mucho calor, no tanto como en India, pero hacía calor).
Desde ahí volvimos a nuestro hostal (realmente tétrico, mugriento, tenebroso) donde cenamos comida jordana (era un arroz con pollo, nada muy raro) y nos acostamos temprano ya que al día siguiente salíamos para Jerusalén. Lo único lindo del hostal era la vista nocturna de Amman (que lo único que tenía lindo era su vista nocturna jeje).
Agra
Después de ver el amanecer en el Ganjes y dormirnos una merecida siesta, almorzamos un buen plato de arroz con queso (este menú se mantuvo por un par de días) y salimos para tomar el vuelo a Dehli. Por suerte ese fue el último vuelo de Indian Airlines. Cuando llegamos al aeropuerto de Dehli nos esperaban los ómnibus de la excursión para ir a Agra. Agra queda a menos de 200 kms de Delhi pero el trayecto llevó más de 6 horas… el tránsito en India también es complicado. Encima no hicimos ninguna parada a comer, así que la cena consistió en unas papitas lays. Igual se armó toda una discoteca en el ómnibus que estuvo de lo más divertida.
Cuando salimos, ya derretidos, volvimos al hotel a armar las valijas y descansar un rato después de volver a salir para Dehli (nos esperaban otras 6 divertidas horas de viaje). De camino a Delhi paramos en Fatehpur Sikri, una ciudad que tiene miles de años que fue abandonada por falta de agua (o por una maldición, depende de la versión jeje). El lugar era muy lindo pero lo más lindo fue que no había mucha gente, había sombra y había dispensadores de agua helada (todos nos dimos una linda duchita).
En el camino a Delhi hicimos una parada técnica en Mc Donalds, bajamos 80 monos a pedir comida y los indios respondieron bastante bien, cosa que no nos había pasado en otros lados, los mozos de los hoteles se volvían locos y las cadenas de mando y decisión los mataban (para pedir un cubierto había que confirmarle a 3 tipos diferentes).
La visita a India fue interesante, pero suficiente. Al menos de los lugares a los que fuimos. Sin duda India debe tener otras zonas o ciudades más lindas y que tal vez me atrapen más pero por ahora no va a ser un destino que se repita jeje. Una sensación bastante compartida por todos saliendo de estos lugares fue que Uruguay pese a tener sus cosas es un muy lindo lugar para vivir (se valora!).
lunes, 13 de julio de 2009
Varanasi
Kathmandu - Chitwan
Después de dejar nuestras valijas en el hotel de Delhi salimos rumbo a Nepal bastante más livianos. El aeropuerto de Delhi ya no es gran cosa, pero el aeropuerto de Kathmandú es muy similar a la terminal de ómnibus de Punta del Este: una construcción muy sencilla y chiquita de ladrillo, pero sin aire acondicionado y bastante más despoblada que la terminal en verano. El vuelo no estuvo tan mal, igual definitivamente Indian Airlines no es mi aerolínea preferida (una vez que ya habíamos liquidado los vuelos en esta aerolínea nos enteramos que tiene denuncias por falta de seguridad, zafamos!).
El hotel en el que nos alojamos en Kathmandu (Manang) queda en la zona de Thamel, lo que vendría a ser el distrito de “compras” de la ciudad, lo cual claramente a nadie le molestó mucho. Cuando llegamos al hotel nos recibió junto a la llave de nuestra habitación una cartita de la Minu diciendo que estaban en Kathmandú y se iban al día siguiente. Al rato de estar en el hotel, aparecieron la Minu, Mery y Guzmán! Toda una emoción! Estuve dando unas vueltas con ellos pero lamentablemente fue un ratito y ellos al día siguiente ya salían temprano para Delhi.
En Kathmandú se respira un aire distinto al de Delhi. Evidentemente no se trata de una ciudad en mejores condiciones que Delhi, ya que hay muchísima pobreza y gente viviendo en condiciones realmente inhumanas, pero el “humor” del nepalí es muy distinto al del indio. Es cierto que en la zona en la que anduvimos no había tanta gente durmiendo en la calle, sí un hacinamiento considerable y el transito es aún más incivilizado que en India (esto último requiere un comentario aparte). Por ejemplo, tienen serios problemas de energía por lo que todos los días hay cortes de luz de 4 horas: el hotel se quedaba sin ascensor, no andaba el aire acondicionado y era bastante difícil conseguir bebidas frías (ni hablemos de un heladito).
La modalidad en Kathmandú fue de excursión mezclado con algún otro paseo nuestro, sobre todo ya que al estar en el grupo que se quedó más días en Nepal (un grupo se quedó 4 días y otro 6, nosotros estábamos en el último), tuvimos varios días libres. El primer día con la excursión visitamos un templo budista y un templo hindú. Fue muy interesante hacer estas visitas de corrido porque dio para comparar un poco y sacar algunas ideas más claras de estas religiones. El templo hindú resultó más accesible, las ceremonias las pudimos ver de cerca (incluso nos invitaron a “participar”), y si bien alrededor del mismo hay un mercado, no hay un montón de tipitos disfrazados de curas que te piden “one euro” por la foto. El templo hindú, fue bastante parecido a volver a Delhi, mucha gente “tirada”, mucha mugre (los monos bañándose en la basura del rio donde se llevan adelante las cremaciones, una escena nada agradable) y los tipitos disfrazados y pidiendo “one euro”. En Nepal hay un mayor porcentaje de budistas que en la India por los exilados Tibetanos, que igual son muchísimo menos que los hindúes. Capaz que esto explica algo de la diferencia en el aire que se respira en estos países.
El segundo día de visita guiada fuimos a Bhaktapur y Patan, las otras dos ciudades que quedan en el valle de Kathmandú (que está a 1.300 metros sobre el nivel del mar). El calor no ayudó a hacer las visitas amenas y el día se hizo bastante denso (al punto que pedimos para volver antes al hotel).
Nuestro primer paseo por fuera de la excursión fue a hacer rafting. El trayecto hasta el lugar desde donde salíamos fue todo un viaje, por eso que decía del tránsito nepalí (las rutas son 1.000 veces peores que la ciudad). Inicialmente acepté ir después de escuchar varias veces “nadie se cae Ceci”. Cuando llegamos se formaron los equipos (quedamos con Jose, Santi, Aga, Ceci, Sol y Vero) y nos empezaron a advertir qué hacer si nos caíamos y como evitarlo... acá desapareció lo gracioso del asunto y me entré a asustar! Cada “barca” tenía un guía que era de alguna manera el “timón” y nos decía “forward”, “faster, faster”, “stop”… pocas veces en mi vida había tenido tanto miedo… mirándolo desde ahora era bastante irracional, pero bueno eso es lo que tiene el miedo. Por suerte nuestra barca no se dio vuelta y nunca perdimos ningún integrante, igual, fueron una hora y media muy agotadoras. En el punto de llegada nos esperaban con el almuerzo: ensalada con atún y unos panes que no estaban nada mal. Después emprendimos el viaje de vuelta, ahí si nos podríamos haber muerto perfectamente (mucho más riesgoso que el rafting).
Cuando volvimos a Kathmandú de hacer rafting nos aprontamos para ir a pasar la noche y ver el amanecer en Nagarcot, una montaña a las afueras de la ciudad. De nuevo, el camino fue casi casi suicida, una “ruta” muy angosta, en subida y al borde del precipicio. El hotel donde nos quedamos estaba prolijo y el amanecer fue muy lindo, aunque la falta de visibilidad no nos dejo ver todo lo que había para ver.
El segundo paseo que nos procuramos nosotros fue ir a Chitwan, una reserva natural ubicada en una zona selvática. No era muy lejos de Kathmandú, unos 200 kms, pero el viaje llevó casi 6 horas, en un bondi sin aire acondicionado y en el que no había lugar para todos. Cuando fuimos a subir al bondi, el tipo de la agencia en la que habíamos contratado el paseo nos dice “no hay lugar para todos, algunos tienen que ir en el techo”, si si en el techo! Los nepalíes suelen ir en el techo, pero obviamente nos negamos, seis horas en el techo al rayo del sol era una locura, así que algunos (los últimos en anotarse) fueron en ómnibus local. Por suerte dormí buena parte del viaje porque fue todo subidas y bajadas al borde del precipicio en rutas angostas que cada vez que venía algo de frente temblabas pensando cual marcharía para abajo. Cuando llegamos hacía MUCHO calor, pero MUCHO calor (vean la foto de la vela derretida por favor!). El hotel consistía de unas cabañas muy precarias, sin aire acondicionado y que tenían mosquitero en la cama (por algo estaba así que lo usamos como correspondía). Tenían ventiladores pero que se cortaban junto con la luz. En este caso todo lo eléctrico funcionaba a generador que se apagaba de noche… así que la dormida estuvo bien linda se podrán imaginar. Ni bien llegamos algunos se fueron a pasear en canoa (viendo mi experiencia en el rafting preferí obviar esta actividad) y después se bañaron con los elefantes (el baño duró hasta que llegaron los cocodrilos). De noche tuvimos un espectáculo de danzas tradicionales de los nepalíes que estuvo muy divertido. Al día siguiente nos levantamos temprano para el paseo en elefante. Los animalitos están bastante maltratados por lo que dan un poco de lástima, pero después nos explicaron que en realidad ellos viven en un lugar en el que no hay pasto por lo que les encanta el paseo (cada dos minutos paran a comer!). El paseo en elefante incluyó rinocerontes, siervos, muchas arañitas, problemas intestinales de algunos elefantes y un considerable enojo del elefante que nos estaba llevando… de lo más entretenido.
Como decía el transito en Nepal requiere un comentario aparte. El transito es fundamentalmente de motos, bicicletas, minivans y ómnibus. Hay algunos autos pero la mayoría son comerciales. La principal señal para manejar es la bocina: todo se indica con la bocina. Es increíblemente insoportable y muy difícil de creer que la gente pueda vivir así. En la ciudad es una gran masa de vehículos y peatones que circulan por la calle (no hay veredas). Las rutas son todas muy angostas y entre montañas y circulan principalmente ómnibus y camiones… les dejo un video representativo.
jueves, 9 de julio de 2009
Delhi
El vuelo fue largo, tuvimos una parada “técnica” (a descargar y cargar pasajeros) en Bangkok que fue más larga de lo planeada porque se largó a llover mal y se demoraron las salidas (creemos que se pensaron nos íbamos a quedar y dijeron “bueno, entonces toca llover” jeje).
En Hong Kong pasamos calor húmedo…. En Delhi hace MUCHO calor seco. A la salida del aeropuerto había mucho polvo, nos esperaban los ómnibus de la excursión que nos iban a llevar al hotel. Para India y Nepal el grupo contrató una excursión. Al principio yo no estaba muy contenta con el tema, pero después de ver lo que es moverse en ambos países y el tiempo que te puede llevar perderte o procurar un transporte, teniendo en cuenta los pocos días que teníamos.
El hotel era literalmente una burbuja (nunca me había quedado en un hotel tan pipi cucu). Después de dejar las cosas en el hotel decidimos salir a buscar algo para comer… el ambiente en la calle era tétrico de verdad. Mucha gente durmiendo tirada en la calle, gente visiblemente desnutrida y mucho calor a pesar de ser cerca de media noche.
Al día siguiente teníamos la mañana libre y salimos a visitar un templo Sick (una religión con un porcentaje bajo de adherentes en relación al hinduismo) que quedaba cerca del hotel. La ida estuvo bien y la visita (guiada) al templo (que además tiene un comedor y un hospital) muy interesante. La vuelta se puso pesada y cuando llegamos al hotel Nacho tenía 4 niños colgados pidiéndole plata. Realmente la miseria que se ve en la calle es triste, angustiante… madres con niños chiquititos tiradas en la calle, perros… nada de violencia contra los turistas e incluso a nadie le robaron pero es muy fuerte.
De tarde, con la excursión, visitamos la Quwat Minar, una torre muy antigua, rodeada por ruinas de una mezquita y otros templos. Después visitamos la puerta de la India (un monumento en conmemoración a los soldados indios que murieron en la primera guerra mundial luchando por Inglaterra). Todo este recorrido era en ómnibus con un guía indio que hablaba un muy “bien” español (tenía un problema con el bien y el buen jeje).
El último día en Delhi visitamos la mezquita más vieja (Jama), donde te piden que te tapes (para lo que te dan unos vestidos), sobre todo a las mujeres (los hombre solo se tienen que tapar las piernas). Después fuimos a un templo hindú y se hizo un intento de visita a una obra arquitectónica (llama la atención la desorganización de los docentes). Para ese momento yo estaba muy afectada por el calor y me sentía horrible (encima se había roto el aire del ómnibus). Así que cuando terminó la excursión nos fuimos al hotel con Nacho y yo me dormí una buena siesta… para que vean lo mal que me sentía, por eso me quedé sin ir al mercado.