jueves, 9 de julio de 2009

Hong Kong

Llegamos a Hong Kong a las 11 de la mañana y antes de arrancar el día que teníamos para visitarlo dedicamos unas horitas a armar el primer envío a Montevideo: 11 kgs de compras y algunas cosas que no trajimos y no estábamos usando (y no queríamos tirar) que llegan en setiembre (demora pero van a estar para cuando lleguemos nosotros en diciembre).

El hotel estaba prolijo pero muy mal ubicado. Hacía mucho calor, y estaba muy húmedo, lo que hizo muy cansador el día. Para que se hagan una idea, en el momento que salimos del hotel (donde obviamente había aire acondicionado) a Nacho se le empañaron los lentes!! Bajo ese calor salimos rumbo al “centro” (a la isla propiamente de Hong Kong).

Ahí visitamos algunos edificios interesantes y subimos a un monte desde el que hay una vista muy linda de la ciudad. Después cruzamos en ferry para una isla desde donde se ve un espectáculo de luces en el que participan la mayoría de los edificios que estuvo lindo. La bahía de Hong Kong es realmente muy linda, pero el tiempo no dio para mucho y nos quedamos con ganas de más.





Una cosa que me llamó mucho la atención fue la diversidad de gente. Frente a Beijing y Shangai donde era raro ver occidentales, en Hong Kong hay de todo, seguramente consecuencia del período de colonia inglesa que no terminó hace tantos años. Otra marca del pasado “inglés” son los precios, por un momento nos fuimos del mundo desarrollado y el viático no dio jeje.


Shanghai

El 10 de junio dejamos Beijing. En Shanghai mejoramos sensiblemente la calidad del alojamiento (por suerte, ya estábamos todos medios cansados de la mugre y de compartir el baño), ya que el hotel estaba bastante prolijo aunque la zona dejaba bastante que desear. Llegamos todos muertos y fue uno de esos días que era necesario achicar un poco así que nos dormimos una buena siesta y de tardecita recién salimos a recorrer la zona de Pudong, que tiene una peatonal que estaba prolijita aunque demasiado turística. A la vuelta nos dejamos estar y cuando quisimos acordar ya había pasado el último metro para volver y nos tomamos un taxi: fue tal cual una montaña rusa pero sin cinturón. Los chinos son unos enfermos manejando! Por suerte y gracias a alguna virgen llegamos bien al hotel.



Al día siguiente arrancamos temprano: visitamos People’s Square, el museo de Shanghai y caímos de rebote en una exposición sobre todo lo que se está construyendo y reformando en Shanghai en términos urbanísticos. Shanghai confirma muchas cosas de mi visión de China después de la visita a Beijing. Pero en particular confirma el movimiento. Shangai está absolutamente toda en obra preparándose para la Expo 2010: metros, edificios, plazas, calles, parques… todo en obra. Definitivamente 2009 no fue un buen año para visitar Shanghai pero igual estuvo bien.


De tarde visitamos un Longton (una especie de Hutong pero con una estructura más de corredores), el barrio histórico y terminamos la noche en Xintiandi, una zona super fashion con un montón de boliches lleno de turistas (al punto que te olvidabas que estabas en la olorosa china jeje). Obviamente los precios de la zona no estaban a nuestro alcance por lo que nos compramos algo para picar en un 7 eleven y disfrutamos del ambiente sentados en un banquito, nada mal!






Al día siguiente, después de haber pateado mucho en nuestro productivo día anterior, nos lo tomamos más tranqui. Visitamos el Museo de Ciencia y Tecnología, un edificio que no me gustó nada, y el Centro de Artes Orientales, un edificio raro. Después hicimos algunas compras en un mercado (que a diferencia de los de Beijing era subterráneo) y tuvimos el mejor almuerzo de lo que va del viaje: tenedor libre en una parrillada de un brasilero. Por US$ 10 (nada caro para lo que estamos acostumbrados a pagar) comimos carne (mucha y de diferentes tipos) deliciosa, puré de papa, sopa licuada (como la de la abuela!!), pan de queso, ensalada rusa, flan y helado con DULCE DE LECHE. Todo estaba muy muy rico y nos rompimos la boca, al punto que no comimos nada hasta el día siguiente. Obviamente después de semejante almuerzo quedamos prontos para una siesta. Igual fuimos a cumplir con los últimos deberes y visitamos algunos edificios (si no me acuerdo mal uno era el más alto de china).




Para liquidar nuestra visita a Shanghai cuando nos estábamos volviendo al hotel con Gabi hicimos una parada estratégica en una especie de feria armada en la calle cerca del hotel para hacer las últimas compritas!



Beijing

De a poquito nos fuimos yendo del mundo desarrollado. El viaje a Beijing fue un vuelo espectacular en Japan Airlines que casi compensó la noche en el aeropuerto. En Beijing nos esperaban tres ómnibus del hostal que nos trasladaron al International Hosteling donde nos quedamos nuestros 4 días en Beijing (por suerte, ya que seguramente la salida del aeropuerto hubiera sido 10 veces más complicada que la salida del Narita, Tokyo).

Ya no estábamos en Japón, sin duda. No todo el mundo habla inglés. La señalización no ayuda. El desorden del tránsito y la no-perfección de la ciudad nos acercaron un poquito más a Uruguay. Hay cuatro cosas que de alguna manera caracterizan la visión de China que Me quedó de nuestra visita: mercados, inmensidad, olor y movimiento/avance.

Para arrancar nuestra visita a Beijing ni bien llegamos salimos a hacer un reconocimiento de la zona donde nos estábamos hospedando, con una parada obligatoria en el mercado más cercano. El "mercado" (denominación genérica para una serie de lugares que funcionan de manera muy similar en este país) consta de varios pisos cada uno de los cuales está designado a una clase de artículos particular y es una especie de burbuja en la cual (sin faltar las fallas de mercado, en especial, fuertes asimetrías de información) funciona la libre competencia. Otra característica no menor es que las vendedoras (si, en su mayoría mujeres, muy insistentes y groseras, que a diferencia de cualquier japonés te agarran de la mano y no te sueltan con tal de que les compres) son multilingües (no bilingües, multilingües). Pongamos un ejemplo, el precio de una remera puede empezar en unos 400 yuanes (o juanitos para muchos del grupo) y con algunas frases mediantes como "mila amiga", "finito 50" o "muy balato", y algún manoteo (calculadora mediante) la remera termina saliendo unos 30 yuanes. Cuando uno finalmente llega a un precio (que en mi opinión es aquel que estamos dispuestos a pagar) y concreta la transacción se siente sin duda robado, afanado... definitivamente se podría haber regateado más y probablemente más tarde encuentre a alguien que compró lo mismo más barato. Igual me quedé bastante contenta con los precios que conseguí y supe hacer lucir mis dotes genéticos (heredados de yayita) de ser dura en el regateo... igual nada de esto evitó que me sintiera robada más de una vez. Además de esta primera visita al mercado, que culminó con una característica comida agridulce, en el piso del mercado asignado a la comida, tuvimos otras a este mismo y al más nombrado Mercado de la Seda. Resultado: muchas compras, muchos regalos, sobrepeso, nueva valijita para las compras y futuros envíos por correo a Montevideo. Y obviamente todos saben que quedo muy contenta con las compras jeje


El segundo día nos pusimos las pilas y empezó con una visita a la Ciudad Prohibida. Acá empezamos a sentirnos hormigas: todo es inmenso y todo es multitud. La multitud en el metro es similar a la japonesa, pero no igual, se nota otra diversidad, ya no predominan los hombres de traje y las mujeres hiper producidas, y hay niños (si bien era domingo, todas estas cosas las confirmé en los días siguientes). La visita de domingo a la Ciudad Prohibida fue multitudinaria, a pesar de lo inmenso de esta joya histórica, los chinos estaban en todos lados! hasta abajo de las piedras! La Ciudad Prohibida es un ícono indudable de la China como imperio, como potencia, como poder. Confirmando mis expectativas, me sentí una pequenísima hormiga! Más tarde visitamos la plaza de Tian Amen, de nuevo, inmensa! A los pocos días tuvimos la suerte de llegar a ver la ceremonia de cambio de guardia en la plaza y estuvo muy interesante. También visitamos el Templo del Cielo, un parque enorme metido en el medio de la ciudad dedicado exclusivamente al cielo, donde antiguamente se dedicaban ofrendas al cielo para ayudar a las cosechas. Finalmente, y lo que terminó de cerrar mi idea de inmensidad (y de que somos pequeñas hormigas!), fuimos a la Muralla China! Por más que uno ya se imagina que es inmenso… es realmente inmenso!! Primero entramos por una parte bastante “turística”, llenita de chinos, y después caminamos hacia una zona más vacía que a pesar de que era más empinada la caminata (y por eso no había nadie) valió la pena para apreciar un poco más ante que estábamos parados.






Los chinos no son limpios, y esto no es en comparación con nuestros pulcros amigos japoneses, sino que no son limpios ante ningún estándar. Además de escupir normalmente en la calle, los chinos tienen olor. En el metro hay olor, olor a sucio. Ni hablemos del olor que había en la Muralla China! En todos los rincones había olor a pichi (tal cada rincón de la fortaleza de Santa Teresa) y definitivamente la concentración de chinos hacía bastante insoportable el olor. Esta, además de buscar un poco de tranquilidad, fue una de las razones que nos llevaron a buscar un lugar más tranquilo.

Hay muchas cosas que le dan a uno la idea de que China está en movimiento. No sé si sería correcto hablar de que está avanzando en términos generales porque muchas cosas no lo están pero bueno, se está moviendo, algunas cosas avanzan y otras quedan medio rezagadas. El metro está muy mejorado, parece ser que el principal empuje lo tuvo con las olimpíadas pero se mantiene bastante bien (obviamente no hay el mismo mantenimiento que en Japón!). La Villa Olímpica y sus al rededores nos dan una mejor idea de lo que fue el empuje que recibió la ciudad para las olimpíadas de 2008. Entramos al Nido y al Cubo de Agua… realmente impresionante! Seguramente el año pasado era mucho más lindo y entretenido, pero al haber pasado recién un año desde las olimpíadas aún no se nota el abandono y hay mucha gente visitándolos. Hay otos dos edificios (u obras, en términos de mis queridos compañeros de viaje) que denotan el movimiento (y la inmensidad): la ópera y la sede de la CCTV de Koolhaas (aún en obra). Este último edificio está en el complejo donde estaba el que se prendió fuego a principios de este año (ahora están las ruinas), capaz alguno se acuerda.




En Beijing y en el medio de las visitas a esas cosas con mucha historia o muy modernas, visitamos un Hutong. Son barrios que en su momento se formaron con una estructura muy particular en el entorno de la Ciudad Prohibida (de acuerdo a la clase la ubicación en relación a la misma) y que constan de unas 4 o 5 casas que se encuentran centradas en un patio que funciona como hall de distribución. Las condiciones de vida en estas zonas es realmente horrible y casi ninguna casa tiene instalaciones sanitarias por lo que hay baños públicos (en una situación sanitaria preocupante). Coincidimos en que nos recordó a los conventillos y también en que a cualquier lugar que hubiéramos ido en esas condiciones en Montevideo no hubiéramos tenido una buena experiencia (acá paseábamos con las cámaras sacando fotos y no tuvimos ningún problema).


Antes de liquidar Beijing, dos cosas. Primero, les cuento como nos arreglamos con la comida. Siempre que nos dejamos estar y no planificamos nuestras comidas terminamos comiendo en Mc Donalds (previa aclaración “no picante”), incluso para hacer nuestra polentosa comida previa a arrancar con la pastilla de la malaria. Hicimos algunas comidas típicas, y aprovechamos a ahorrar un poco con los fideos deshidratados, que no están nada mal aunque no les vendría mal alguna salsa no tan picante. Segundo, el control con el tema de la gripe A fue más estricto que en Japón. Cuando llegó el avión a Beijing, antes de bajar nos tomaron la fiebre uno por uno con una pistolita apuntándote a la frente (si si, muy de menos). En nuestro vuelo por suerte pasamos todos, pero en el vuelo en que venía el resto de la generación agarraron a dos con un poquito de fiebre y los internaron por 3 días!! Un bajón pero por suerte no tenían la gripe A.


lunes, 29 de junio de 2009

Osaka - Himeji - Kyoto

Desde Fukuoka nos fuimos para Osaka (a mitad de camino entre Tokyo y Fukuoka). El barrio donde estaban ubicados nuestros hoteles (nuevamente las mujeres en uno y los hombres en otros) no ayudó a nuestra percepción de la ciudad. La zona tenía todo lo que no habíamos visto aún en Japón: gente durmiendo en la calle, mucha mugre y pintas que daban bastante miedo. Nuevamente esta ciudad sirvió de base para visitar los alrededores (Japan Rail de por medio). Una aclaración, el hotel de Osaka no merece fotos como el anterior, más bien ni merece comentario (lamentable), pero quiero volver a repetir que el tatami es lo peor para dormir! no se como duermen estos ponjas!

Un día visitamos el Templo del Agua de Tadao Ando en Awaji. Nos acompañó la lluvia (por no decir el diluvio permanente) y la llegada fue complicada y cara. El templo tenía lo suyo, pero no alcanzó a mis expectativas y definitivamente la mayoría de las veces la lluvia no ayuda a la percepción de los lugares. Desde ahí arrancamos para Himeji (lo que sería nuestra primera visita). Cuando llegamos conseguimos bicicletas (la municipalidad tiene un servicio de préstamo gratuito y además alquilamos algunas porque no daban para todos). Estuvo muy divertido, eramos una banda (eramos 12), todos copados, tocando la bocinita de la bici... los japoneses estaban todos desencajados. Con nuestro nuevo transporte fuimos al Museo de la Literatura de Tadao Ando, realmente muy lindo aunque lamentablemente no había nada pero absolutamente nada en inglés por lo cual fue una visita más bien de analfabetos. Después anduvimos en los alrededores del Castillo de Himeji (una de esas típicas construcciones japonesas antiguas) y lamentablemente se nos hizo la hora de devolver las bicicletas.


Al día siguiente arrancamos temprano para Kyoto. Por suerte la lluvia nos dio un descanso, pero siguió bastante nublado. En Kyoto sacamos un pase de ómnibus para todo el día y recorrimos algunos puntos interesantes: el templo Daikakuj, el jardín botánico y el Garden of Fine Arts de Tadao Ando (un lugar realmente muy lindo y disfrutable). Después hicimos un intento de llegar a una exposición de Tadao Ando pero después de tres trenes y un ferry llegamos 15 minutos tarde y no pudimos entrar, una pena, pero cosas que pasan. De ahí nos volvimos a la zona de los hoteles donde como forma de "despedida" de Japón, y de festejo de algunos cumples (como el de Flo!), la generación procedió a armar un lindo barullo en la vereda que motivo la llegada de la policía pero que por suerte no pasó a mayores.





El último día en Japón, que para que no sintiéramos nada extraño diluvió todo el día, salimos tempranos de los hoteles y dejamos las valijas en la terminal de Shin-Osaka, desde donde en la tarde salía nuestro tren para Tokyo. De ahí salimos hacia Himeji con el objetivo de liquidar un asunto pendiente de la visita de los días anteriores: dos obras de Tadao Ando dedicadas a los niños (el Museo de los Niños y el Albergue de los Niños). Realmente valió la pena la ida a Himeji y lo mojados que quedamos después de tanta caminata! El almuerzo despedida de Japón, como no podía ser de otra forma, fue en Vie de France, una "panadería" increíble sobre la cual no me acuerdo si ya les conté pero que nos salvó la plata en nuestra estadía en Japón.



En Tokyo tuvimos que pasar la noche en el aeropuerto porque nuestro vuelo para Beijing salía temprano a la mañana siguiente. Un lindo susto se pegaron los ponjas cuando vieron venir a unos 90 uruguayos dispuestos a pasar la noche en el Narita Airport que cierra de noche! Nos explicaron que cerraba el aeropuerto pero finalmente accedieron a dejarnos dormir en un piso. Yo no me puedo quejar ya que dormí unas merecidas 7 horitas acostada en 3 asientos que no me vinieron nada mal.

Sin duda la visita a Japón fue una experiencia increíble. Es una sociedad muy diferente, no solo en el funcionamiento que se observa a simple vista sino también en las básicas, en los valores que están atrás. El trabajo es lo importante, el resto gira en armonía en torno a ello. Entender lo que vimos en Japón es un proceso que se va profundizando a medida que conocemos otras sociedades, otras culturas. Por ahora no tengo mucho más para decir de Japón, pero los japoneses siguen siendo un tema de reflexión en las charlas que van surgiendo entre nosotros. Estando en China, viendo como los chinos no chupan tanto como los japoneses, pero también viendo la "no-perfección" de China frente a la "perfección" de Japón, espontáneamente Cachi comentó "los japoneses deben ser muy infelices". Ya habrá tiempo para entender mejor que fue lo que vimos en Japón.

Monte Aso - Fukuoka

Después de un frustrado y caluroso viaje a visitar algunas obras de Tadao Ando, emprendimos viaje rumbo al Monte Aso un cráter inmenso (el más grande del mundo) que contiene varios volcanes, varios de ellos activos, y también se están formando nuevos volcanes. Después de dos horas de tren (un tren de dos vagones!) llegamos y el último ómnibus para el volcán atracción del momento ya había salido. Previa negociación con los taxistas locales, salimos más de 20 rumbo a nuestro destino en 4 taxis (bien apretaditos!). El lugar es increíble, realmente un paisaje único que hizo merecer la travesía para llegar! Pero esto terminó mejor aún: en el tren de vuelta nos encontramos con una geóloga peruana que hacía seis meses que vivía en la zona y trabaja estudiando el volcán! Nos dio una clase particular del funcionamiento geológico de la zona! Alucinante!! Resulta que lo que hay adentró del volcán era un agua sulfurosa (mi entendimiento no va mucho más allá de eso jeje).

El día, despedida de Fukuoka ya que al día siguiente partíamos para Osaka, se remató con una merecida salida nocturna en la ciudad de Fukuoka muy divertida (que incluyó participación de actores locales jeje).



Antes de cerrar esta entrada quiero hacer una breve referencia al hotel de Fukuoka. En esta ciudad nos separamos mujeres en un hotel y hombres en otro. El nuestro era un hotel "tradicional": tatami, desayuno en el piso y duchas comunitarias. La verdad que muy pintoresco y divertido pero para un par de días porque el tatami (que es básicamente un acolchado en el piso que funciona de cama) mató mi espalda!!





Hirojima

Tras una semana en Tokyo, arrancamos para el sur de Japón. Nuestro primer destino Fukuoka serviría fundamentalmente de base para otros destinos. Viajar en Shinkansen es realmente un placer, y ahora varias semanas después y habiendo viajado por la India y Nepal se valora muchísimo más.


El primer día fuimos a Hiroshima con un día espectacular, de sol pero sin mucho calor. Si bien no tenía muchas expectativas formadas, es extraño llegar a una ciudad que en algún momento literalmente quedó hecha cenizas, y esto no fue hace tanto (unos 65 años). Ni bien llegamos fuimos a visitar el Peace Park, en cuya entrada está el ruinoso Dome, lugar exacto sobre el que fue tirada la bomba (que explotó unos 200 metros sobre la tierra) y donde funcionaba la prefectura. El parque es muy lindo y su principal atracción es el Peace Memorial Museum. Este está organizado básicamente en dos secciones. La primera está dedicada a la historia de la ciudad (y su pasado bélico, el cual desconocía), el proceso por el cual se decidió Hiroshima como punto sobre el cual se tiraría una de las bombas (el papel jugado por algunos científicos en esto), algunas consecuencias generales, la reconstrucción y una de las cosas que más me llamó la atención: cómo se encara hoy el día el tema. La municipalidad de Hiroshima manda cartas a todos los gobiernos que tienen pruebas nucleares para pedirles que las detenga y todas están expuestas en el museo: la última carta era de mayo, a Corea del Norte. La segunda parte del museo está dedicada a la bomba, ese día y sus consecuencias inmediatas y no tan inmediatas. La explosión tuvo 2 kms de radio que quedaron literalmente hechos cenizas (todo se quemó), inmediatamente hubieron 2 millones de muertos y las consecuencias no inmediatas sobre la calidad de vida de la gente incalculables. Esta parte del museo es bastante más fuerte, incluye pertenencias y partes de las víctimas, muchas de las cuales llegaron a morir a sus casas después de fuertes quemaduras. Entre las cosas expuestas hay una piedra con una "sombra": era el escalón de la entrada de un banco muy cerca del Dome sobre la cual esperaba sentada una mujer que desapareció. Todo es muy removedor, pero lo más interesante de todo esto es que uno no se queda con una sensación de reclamo de "somos los buenos y ellos los malos y nos hicieron esto", sino que en todo momento se intenta apuntar hacía un "mantenerlo en la memoria para que no pase nunca más, ni acá ni en ningún lado". Sin duda un punto alto del viaje.


Tras una mañana fuerte por ponerlo de alguna manera, nos dirigimos hacia Mijiyama, una isla con un paisaje espectacular que alberga un templo muy particular. Llegamos vía ferry, auspiciado por nuestro querido Japan Rail Pass, caminamos un rato y después nos tiramos un buen rato en la playa... estamos todos necesitados de naturaleza! Tokyo fascinante, pero aparentemente nos dejó a todos abrumados de arquitectura. El cierre del día "Hiroshima" fue con una cena espectacular en un "restaurante" italiano muy en precio en dicha ciudad.




martes, 16 de junio de 2009

Fotos!

Buenas! En picasa colgué fotos (se accede por el link a la derecha) pero aún me falta un poquito para ponerme al día con la escritura! Por ahora dejo las imágenes!